1.3.26
Camino
Te veo acostada a mi lado. Desnuda. Sonriente. Perfecta. Adolorida. Somnolienta. Perfecta. Tan cerca que como escribió Cortázar, tus ojos me parecen uno, al igual que los míos a ti. Tan cerca que me bochorno con facilidad. Tan cerca que quiero explotar junto a ti. Otra vez. Y otra y otra y una vez más. Soy piedra de río cuando estoy así contigo, bañado por el cauce de tu existencia. Me preguntas qué pienso. Nada, te digo, porque, ¿qué piensa una simple piedra a mitad del día, en el sol de finales de invierno, perpleja, caliente, existiendo sin ser nada más que un torrente de circunstancias? Aunque las circunstancias son, por decirlo así, ríspidas, brutales, hermosas, totales. Porque así la vida siempre. Porque no importa cuánto corra o respire o me oculte, así son las cosas. Porque eres tú y tú y ya. Tú y tú y la música de una trompeta al fondo. Porque tú y tú camino a la nada y al todo. Me preguntas una vez qué pienso mientras me golpeas el hombro. Tú me pasas, te digo mientras mi índice derecho se acerca lentamente a tu sexo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)