27.10.21

A oscuras

¿Quién dice que el destino
es cosa de cuentos?
¿Quién dice que morir
es cuestión de vivir?
Se detuvieron a observar
el árbol, el árbol rojo,
Se unieron y por supuesto
Jamás de desunieron.

¿Cómo es que eres una voz sólo y a la vez tan tangible? Cual tormenta a la distancia, tanto que no siento su brisa, ni lo terrible de sus truenos. Despierto torpemente siempre, balbuceando que quisiera estuvieses aquí, con lo de la otra noche apenas audible, causando que me funda en tus susurros. Y los días no son días, de aquellos mundanos, porque habitas en esa parte de mí que guarda los resquicios de tu voz. Y los días son días tachados en el calendario como si hubiese un día en el que te pueda volver a conocer. Tú decidiendo que tal vez deberías hablarme, saber qué hago, si llueve porque has dejado tu ropa a la intemperie secándose. Y yo te contesto, te digo sin sentidos, y te pregunto si me darías tu teléfono. Así cruzamos palabras de sol a sol, hasta que la noche se torna imposible.

Entre el silencio de mi casa y el mar que es tu risa decido que quisiera tenerte. Bañarme en tus pechos, perderme en tu sexo. Sentir el cielo oscuro de tu pelo. Temblar al probarte mientras rasgas mi cuerpo. Tu brisa en mi oído. Mi arder hasta desbocarme.

Me levanto a leer lo que he escrito anteriormente. Baladí. Tieso. ¿Por qué me empeño en hacerme creer que todo antes de ti ha sido real? Los fallos en mi memoria me han orillado. Bailaba hasta el hartazgo. Sentábame a escribir lo primero que me cruzaba, pretendiendo que alguien leía por encima de mi hombro. Dulce, parecían decir.

Hoy. Hoy me siento frente al computador a tratar de escribirte. Porque como decía Benedetti, te tengo y no te tengo. Tan tangible en mi pecho. Tan etérea por debajo de las cobijas. Soñé que te besaba y que no. Soñé que te ibas antes que llegaras. Que sonreías sin razón, y me mojabas con tu voz. Y que te cantaba al oído de mi cuarto al tuyo que el cielo está pintado con diez mil lunas.

22.10.20

 Sparks turning into flames...

21.10.20

C'est l'amour


 

Quisiera recorrer tu piel con las llemas de mis dedos. Quitarte el frío con mis labios. Que el mundo, allá afuera, todo, se detuviera por al menos un segundo. Un segundo parece tan poco, mas se puede extender infinitamente al perderse en los ojos de alguien. No puedo dejar de mirarte ya que siento la caricia de la Luna desde ellos. No puedo dejar de acariciar tu pelo ya que siento el calor del Sol. Me pierdo dentro de ti ahora porque, como dijo Neruda hace algunos años, tú todo lo ocupas. Así, mi piel contra tu piel, mis labios en los tuyos. Así, mi corazón absorto con tu presencia, tu nombre en mis susurros, mi alma fundida con la tuya. Los segundos son cual días, los días cual lustros, y los lustros son el resto de mi vida. Dejo de ser yo, me comprimo hasta ser un átomo minúsculo, y exploto, al final, como si el universo iniciase una vez más. 

19.10.20

 Es la calma de un día cualquiera en el que nadie ha decido hacer algo. No hay vendedores de puerta en puerta o por altavoz, ropavejeros, paleteros de cornetas musicales o mensajeros de políticos buscando convencer a las masas. Los perros del rumbo tal vez estén tan dormidos como los míos, soñando que muerden algo que se han encontrado por ahí. Los vecinos no tienen la loca idea de cambiar todos los cuadros y repisas de sus casas al mismo tiempo, por lo que no taladran o martillan al unísono. Sus hijos podrían estar viendo todos lo mismo. ¿Por qué no? Puede que un canal de esos gratuitos decidió regalar juguetes para todos, por lo que deben estar pegados sin parar mientras alguien de su familia marca frenéticamente el número en pantalla. Baña la calma al parecer, este día. Pensé en poner música, pero, ¿Para qué romper con el humor del día? He terminado de trabajar, así que me levanto a calentar agua en el microondas para una pequeña taza de té. Busco un libro que siempre he querido leer, Nocturnas de Ishiguro, me digo, y acerco al futón el pequeño banco en el que subo los pies. Antes de tomar el libro, antes de dar el primer trago al té verde que me he preparado, cierro los ojos, respiro profundo, y cuando la oscuridad está a punto de cerrarse sobre mí, apareces tú, sonriendo al Sol como el sábado anterior.

18.10.20

 Tomé tu mano en Octubre,

La gente andaba sin parar,

Porque no había nubes,

Vayamos a caminar, decían

Es un día soleado, se decían,

Y así se veía un arcoiris por las calles

Helados, bebidas, el sin parar de automóviles,

Los autobuses y aquella moto abandonada,

En desfile a nuestro alrededor,

Toda hoja de todo árbol en el vaivén de la tarde,

En sincronía con el aletear de aquella mariposa extraviada,

Y tú tan tú desde el principio,

Piel de brisa al mar,

Ojos cual brillo de Otoño,

Hará frío, mas no importa,

Tomé tu mano

Y el infinito existió.

7.10.20

Un sueño

 Y te soñé, te soñé en un campo de magnolias

Leyendo y bebiendo una taza de café,

Y así llenabas todo de luz, cual si fueras un amanecer,

Tus rostro dando vida al valle en el que estabas,

Bañada en mar de blanca espuma de las flores.


Así, llegó la noche, bajaste el libro,

Tomaste la punta de tu pelo con tu mano izquierda,

Y bajo las estrellas, comenzaste a cantar.

Así el cielo, titilante,

Los planetas, orbitando en sincronía,

Orión rozando la piel de Casiopea,

El Almagesto arrullado por tu voz.

30.9.20

 No sé si siempre ha pasado, sin haberlo notado

Mas hoy he escuchado tu nombre tan a cada rato...

Acknowledgement

 Blanca, Arturo, Paola, Alejandra, Jonathan, Dani and Regina for all the unconditional love.

Javier, Arturo and Mia for being so important.

Yatza and Ruben, Beto and JC, for listening and being the best friends I could have.

Cash, Salish, Jam and Rons for the fucking fun times.

Finnegan and Ella, you magnificent dogs, you.

Moni, Elena, the other Elena, Mikey, Milio, Andrew, Carla, Nefer, C and David for all the shiny moments regardless of how often.

To all those to whom for several reasons I don't talk, for bearing with me for such and such. We may be not anything but strangers now, but, if I think of you for some reason, rest assured you were that important.

To those who tore my heart to pieces. I dearly loved you. I was as imperfect as I am, but, you know, I am as alive as I can be despite the pain.

I have always listed a bunch of people who have brought me happiness in the shape of music, books, movies, et cetera. It was easier in the past. Now, the amount of beauty I have found is so vast that I simply can't.

To all those reading this.

And to you, who despite arriving just now, are on top, just for making me believe once more.

Thanks...


a#

 I 'm looking for the face I had

Before the world was made.

-William Butler Yeats


12 años han sido. 12 años y días. He contado cuántos días, mas no lo pienso decir. No recuerdo el día aquel en el que me senté y tecleé por primera vez algo que me hiciera sentir contento con mis letras. Contento, aunque no satisfecho. Siempre, desde que comencé a ser consciente de mis actos, he pensado, "¿Debería? ¿Debería mover esto, arreglar aquello? ¿Tomarlo todo y botarlo en la basura?" Aquella publicación no fue excepción, ni lo será ésta. No recuerdo detalles de aquel día en el que este sinfín de ideas inconclusas comenzó. Sé la fecha, pero pudo haber sido un martes, o un jueves. Pudo haber sido de tarde o ya la noche pasada por una enésima taza de café o uno de tantos cigarrillos. ¿Llevaba las ropas del trabajo? Tal vez estaba de bermudas a pesar del frío. Cómo si importase. Lo que sé, lo que importa, es que, después de tanto tiempo, después de tantas personas, a pesar de tener el mismo rostro, la misma alma, no soy aquel yo. Ni peor, ni mejor. Aquel es alguien marchito por el tiempo, sumergido en hedonismos, en pretensiones logrables mas imposibles, llevado de la mano por un sueño maltrecho, y a la vez llevando de la mano a un sueño aún más maltrecho. Yo ése queriendo ser sol y estrellas. Y ahora. Ahora no soy más que imprevisible, con un sendero tan dentro que, a pesar de conocerlo, ignoro para dónde irá. Hoy simplemente toco a la puerta de aquella chica para poder preguntarle si quiere cantar conmigo debajo del sol y las estrellas.

¿Habrá alguien para este blog? ¿Volverá la audiencia que algún día aparentemente existió? No lo sé. Esto comenzó como un experimento. Onanismo en pos de vaciarme en algo para poder saciar mi hambre creativa, y para hacer catarsis por mi cuenta. ¿Cuál es el punto de escribir ahora? Ha sido una mañana pesada de trabajo, de gente abusiva y grosera. De un desayuno delicioso, y de un frío en soledad. Me siento tranquilo, mas inseguro. Esto tal vez ya no sea un experimento sólamente, sino un lado de mi vida que me da sosiego. A ratos desagüe para la náusea existencial. En otros pintura de la felicidad que me agota. Y hoy, específicamente hoy, espejo de la persona en la que quiero ella se fije.

No estoy peor que en Septiembre 8 del 2008. No llevo mejores ropas, ni me siento menos solo o más acompañado. Soy, ahora, una conjugación distinta de un hato de hechos a través del tiempo.

31.3.20

I'm so deeply into you that
While I walk down the street
I carry you
Without your knowledge
As a tiny speck of warmth that ricochets all over my body.
we're chained

30.3.20

Es la soledad. Es el exilio auto impuesto después de haber actuado de una manera tan inútil, entregado del todo sin recibir nada a cambio. Oh, así soy, le espeté a mi hermana al escucharla llorar mientras cuestionaba mi actuar. Es mi naturaleza. Bendito idiota, habrá pensado. Es la soledad de dos años en la que cantaba mientras acariciaba a mis perros, mientras bailaba Hercules and Love Affair con un cigarro en la boca. Es el miedo que llevo en el sexo por aquel vacío que acabará tragándome ante mi falta de comunión. Estoy tan roto desde hace tanto tiempo que mi gacho andar es ya lo cotidiano. Ahí va estoico, me gusta pensar se dice a mis espaldas. Tal vez alguien me haga burla y me imite sin que le vea. Tal vez algún niño de la cuadra piense lanzarme una piedra y correr hasta quedarse sin aliento si es que acaso me vuelvo. No importa.

Es la distancia y este jodido aislamiento. Encerrado sin poder ponerle un dedo encima a nadie. Lleno de suspiros sin dueño y de cenas demasiado frías. Tal vez todo pase, y yo pueda ir por unos libros, y tal vez pueda conocer al alguien. Ya saben, rozarle un dedo por accidente, voltear, sonreír cual complice sin crimen, y mirar furtivamente cuál es la reacción. ¿Te gusta el café? ¿Qué tal si interrumpimos nuestra búsqueda y vamos por uno? Y el café se vuelve palabras, y esas palabras se convierten en años, y los años no son nada a tú lado.

Es todo, es todo lo que me acongoja. Es la voz condescendiente de mi padre ladrando que su gobierno por fin hará algo. Es el maldito calor de treinta y dos grados al que no estoy acostumbrado. Es la chica de enfrente que después de tantos putos años no puede mirarme a los ojos cuando me despacha algo en su tienda. Es la falta de agua en mi calle, el continuo trompeteo de los vendedores por las calles mientras trabajo en el teléfono, este deseo sin control por comer pan. Me cuesta tanto sentarme a la orilla de mi cama a sólo respirar. Sin pensamientos o ruidos de por medio. Siendo sin propósito, sin contemplación. Y así se me ha acumulado la vida cotidiana por dentro. Porque no puedo exhalar mis problemas hasta que escapen por la ventana. Porque no puedo caer dormido sin entumecerme con el televisor de fondo.

Y al final, eres tú. Eres tú, con esa piel de cobre en la que ansío perderme. Tú, con tu risa tan a tiempo y tu pasado tan presente. Tú que no debiste haber existido en la misma ciudad que yo. Que no debiste haber volteado a verme, y que debiste haber ignorado mi saludo. Debiste haber atendido a tu propia soledad, haberle llevado al teatro o qué se yo, y yo haber estado en paz en aquella tarde de lluvia en la que todo comenzó.

21.2.19

There is none
There won't
Windows of sugar glass panes
And castles of sand in the playground
Carve the names, then forget them
The radio has naught but 40s and 30s
And I
I be not for a reason
I be not for an answer
Smoke in the autumn
Dancing in house
Puffs of concordance
Of rugged joy and anger
Bass me up
Bass me upbeat
Tempo the bells
And flood my thirst
Till be I an atom

The girl

And I will destroy myself
in an attempt to shine light upon you...

As to there are no ashtrays in this home, I pour remains of cigarettes onto the styrofoam plate from Monday lunch. As to styrofoam would melt to the putting out of my cigarette, I press hard the butts into the cap of a Coca-Cola bottle. I need to sweep and need to mop, I need to go out for groceries. Yet all I do is watch the smoke spiralling up, its whiteness disappearing into the light which leaks in on a sunny Wednesday afternoon. I think there is enough food to feed the pups, at least for today. So there is barely an excuse to actually go out. Out is good, out there is people, out there is food, out I can buy more cigarettes. They take me away from myself, make me dance, singing that I am blind. I am blur of cognition, every speck of remembrance jettisons on the spinning of my body. I miss not what I do not have. I am beat. I am static. I am a whiff of smoke. I feel not what I don't have.

I smoke while I have a bag of corn chips, a pastry and soda. I smoke while I do the dishes and while I shower. I have found no excuse not to do it. So then I simply smoke my days away, addicted to the pleasure of resting my head against the cushions while I inhale deeply. One, two, three, four go by, my arm lazily stretching out to grab a fifth if there is a fifth. And if not, if there isn't a fifth, I simply close my eyes and cough, drained of air, of smoke, and feel how reality slowly catches up. There rains you, tapping the glass panes, leaking through the ceiling. There storms you, furiously in your calm. And I'd go out to drown. I would drown in blue devils. I swear I would do it were I not nailed to this yellow sofa, smoking a cigarette.

24.12.17

Now
Now more than ever
At the ruin of present day
I should have said I was busy
That I was to be elsewhere
That I had no time
Little did I reckon
How far I would have to go
And now, more than ever
I savvy I was to say no.

19.12.17

El sol de otoño

Cuando sonó la alarma, eran ya las siete menos diez de la mañana. El maldito hábito de Stuart de pedir diez minutos más de sueño una y otra vez al suspender la alarma. Tuvo que correr: se bañó en cinco minutos, olvidó ponerse desodorante, vistió calcetines negros de distintos pares (Haz los pares justo después de que se han secado, le decía su madre), y tendría que terminar su sandwich caminando al metro. Decidió sentarse en el parque que le quedaba de paso porque el sol ya asomaba, y seguro el calorcillo le vendría bien. El oxímoron de ir tarde a cualquier lado, y aún así tener tiempo para todo, pensó. Tomó la que había sido la banca favorita de su abuelo, aquella frente a la escultura que Ducard había dedicado a su pueblo y que recibía rayos del sol todo el día. Al otro extremo de la banca se encontraba una pareja. El hombre hablaba mientras la mujer se recargaba en el hombro derecho de él. Cuando sea viejo, le dijo, recordaré el día en el que te conocí, y mi rostro será cual oro. Sé que me perderé en lo nebuloso de los tiempos pasados. Olvidaré mi nombre, mi sabor favorito de helado, el calor de mi madre, el rostro severo de mi padre, mas jamás el rojo de tu vestido y el café de tus ojos aquel día. Día que será ancla de los años, porque hará que lo demás haya tenido sentido, porque provocará una reacción en cadena que inunde mi mente de recuerdos sobre ti, sobre todo. Así podré vivir otra vez mis tardes a solas sobre Reforma, pero también aquellas de tu mano o jugando una partida de Scrabble. Vendrá a mí el sabor del chocolate, así como los helados que compartimos al calor del verano. Sabré los nombres de los libros que llevé aquel día, qué hamburguesa pedí, y el color de tus zapatos. Recordaré el día en el que te conocí, y mi rostro será cual oro. Será el oro de la moneda de Ahab, el oro de un Jiménez de Quesada triunfante, el de las langostas coronadas en el fin del mundo. Será el oro de un sol radiante en una mañana de otoño, regando con vida tus jardines. Seré la alegría de los marinos al hacerse a la mar, de la panadera al sentir lo crujiente del pan entre sus manos, de los niños al abrir regalos en Día de Reyes. Me sentiré tan completo como hoy, besando tu frente y tus labios, sintiendo tu mano enredada en la mía. Podré morir con la calma de haber entendido lo que es el amor y la soledad, le decía, y encontraré la gracia y la calma en el nirvana de haber sido junto a ti. La mujer se arropó aún más en los brazos del hombre, mientras él besaba su sien. Stuart miró la escultura frente a sí por largo rato mientras jugueteaba con el celular en una mano. Sabía que no podía posponer más el llamarle. Finalmente, se levantó y anduvo un rato por el parque, mirando de reojo Los amantes en el fin del tiempo de Ducard. Y mientras buscaba el número de Marian entre los contactos, caía en que llegaría aún más tarde y que le regañarían. Suspiraba y sonreía porque no importaba. Habría valido la pena.

La memoria

Cuando sea viejo, le dijo,
recordaré el día en el que te conocí,
y mi rostro será cual oro.
El sol de otoño

El día andaba lento, como cualquier día frío de finales de otoño. Todo mundo abrigado, todo mundo con sólo una mano asomada desde las capas y los abrigos, sosteniendo un café o un atole. No es fácil esperar a alguien, sobre todo en un clima tan mundano como éste. Hay un número limitado de publicaciones o de tuits que uno puede ver antes de que se le entuman los dedos, antes de que se empiece a morder pedazos de piel seca en los labios. Usualmente así, andando a pasos cortos de un lado a otro, tarareando con más fuerza a cada minuto de retraso, con una mueca de disgusto, él esperaba a quien fuera vería. No hoy.

Pocas cosas se habían guardado en su memoria como aquel día de sol. Gente en las escalinatas cargando libros, turistas en el autobús descubierto tomando fotos, los policías abanicándose con sus gorras, y ella ahí, de rojo, con  las manos entrelazadas sobre las rodillas, mirándolo, mirándolo detrás de unas gafas de sol, con una sonrisa en el rostro. Seis horas pasaron antes de que estuviera solo otra vez, andando a casa mientras miraba sus tenis y y se rascaba la nuca con la mano izquierda, y se sentía los labios con la derecha. ¿Qué ha pasado?, se preguntaba entre suspiros, sonriendo.

Sentado en una banca sobre la avenida, con Liszt en los audífonos, esperaba. Bailoteaba los pies, mordía sus labios, quería que llegara. Hay una cita de Galeano que va de, Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero un pajarito me contó que estamos hechos de historias. Y esta historia que era parte tan integral de su corazón, estaba a punto de reiniciarse. Vio su carro blanco salir de la privada y aparcarse un poco más adelante de donde él estaba. Se puso de pie, y corrió hacia él. Y justo al subir, la miró, la miró sonreír, mientras el sol se asomaba por detrás de una nube.

29.11.17

A morning of you
At the grass and the promise
Of a sunny day.

Es muy real como para ser un sueño: su piel, sus ojos, su voz, el aroma de su cuello y sexo. También, es demasiado maravilloso como para ser real: su risa y su llanto, la tersura de su tacto, hasta dónde me eleva cuando hacemos el amor. Yo no sé. No sé qué es esto que me he encontrado andando por la vida, que he perdido en primavera, y recuperado en el otoño. Tal vez sea por lo que uno está vivo, por lo que uno así puede disfrutar de la dulzura de una cereza, de una caminata por la playa, o del sabor de la cerveza cualquier tarde de calor entre gente querida. Ignoro si debo de dilucidar por qué me ha sucedido esto a mí, o si simplemente disfrutarlo. Verán, yo siempre quise saber la razón de las cosas. Saber el porqué detrás del azul del cielo a medio día y del rojo al atardecer. Por qué un mamífero puede tener escamas y un reptil parir crías. Y si no lo encontraba tan fácilmente, buscar y leer y preguntar hasta que tiempo después, años tal vez, diera con la respuesta. No saben el gozo de por fin saber quién canta o toca algo que capturó mis oídos una mañana cualquiera, o de encontrar por qué tal palabra se pronuncia o deletrea de tal o cual forma. Aunque, nada parece compararse a la epifanía de sentirse como yo hoy día. Así, tumbado en una sala de conferencias vacía, mientras bebo café demasiado malo como para ahuyentar el sueño que tengo, pienso en la fortuna, mi fortuna, de haberte encontrado a la vuelta de mi casa, bebiendo un té de canela y manzana mientras veías tu teléfono y tratabas de deshacerte del tedio de vivir en una ciudad como ésta.

Es miércoles, son las cinco y cuarenta y cuatro de la mañana, soplo en mis manos tratando de quitarme el frío de ellas porque, demonios, no se puede escribir en un móvil con los guantes puestos, y pienso en lo mucho que me gustaría tirarme en la cama, a tu lado, mientras te leo algo de Pellicer o Sabines o Neruda, y al terminar, sentir tus labios contra los míos a la vez que el cielo se cierra y una leve llovizna baña el amanecer.

22.10.17

Un mar de pasto

Pensé que sería empezar de cero. Otra vez. Nuevos sabores y olores. Una sensación distinta al tacto. Sentir como si otro sol le diera calor a mi cuerpo y forma a mi sombra. Estar así en la cima de otro mundo y poder ver otras nubes.

Y aquí estoy, cercano al quiosco, apagando mi último cigarrillo, despidiéndome del nuevo yo, quien no es más que el mismo. Jamás pensé en escapar de mí. Aunque, estar así de lejos, tan minúsculo en un mar de verdes pastos, allí sentado agitando los brazos, me ha dado qué pensar. Ardí sin quemar, me asfixié al final al no necesitar aire. Y aquí estoy, escuchando las fuentes mientras mi perro me mira. Sintiendo la vida que mana del Sol, escuchando a Handel.

Y más que nada, estirar mis dedos para sentir una extensión de mi piel, hace que todo parezca como si todo pasara al día siguiente.

18.9.17

Cantata de abril

Le vi bailar al atardecer,
Entre arreglos de cempasúchil y olor a copal,
Con la memoria de Alfredo atada a mi cuello,
Esporas blancas en el aire,
Fui a su lado,
Y al compás del tarareo del cielo,
Dancé a su lado.

Cinco meses fueron,
Bebí su voz, tomé su cuerpo,
Fumé cigarrillos mientras Richter y Riesman,
Dejé de flotar por tomar su mano,
Al andar hacia el Maison Kayser del lugar.

En las estrellas de Bacalar una noche,
Al arder de leña y anécdotas,
Me llevaste a tu habitación,
Te fundiste a mi cuerpo,
Y al partir, en voz alta,
Juraste a la luna jamás sentirías mi piel otra vez.

Una tarde de verano de 1975,
Dejé mi bebida debajo de la silla,
Lancé al piso mi copia de 2666,
Me asomé por la puerta donde le vi por última vez,
Volé...

6.9.17

Of summer rain days
I dreamt of lying by you
On which we were one.

Y los perros no tienen la culpa casi de nada

Una tarde del verano de 1975,
Dejé mi bebida debajo de mi silla,
Lancé al piso mi copia de 2666,
Me asomé por la puerta donde le vi por última vez,
Volé...
Cantata de abril,
José Carlos Almada.


De lejos sólo se alcanza a ver lo esbelto de su figura y el deje rojo de su cabello. Lo ha llevado así por tanto tiempo que no recuerdo el color original. Todo porque le prometió a su madre no dejar de teñírselo así, porque así lo llevaba el día que su madre murió, como si queriendo preservar su memoria al llevar en la cabeza lo último que su madre vio. Cada 22 de cada mes par acude al salón para el retoque reglamentario. Y ahí estoy a su lado, leyendo qué sé yo, mirando a los no sé quiénes corriendo en el bullicio del regreso a la oficina después de la hora de comida, rascando mi tobillo y jugando con mi goma de mascar. ¿No te aburres?, me ladra cada vez que vamos, mayormente en son de burla, muy pocas veces con genuina preocupación. O eso pienso. Porque tantas veces como hoy, en las que nos hacemos compañía sin cruzar palabra, cada quien en su cada cual, lo más que puedo hacer es adivinar lo que pasa por su mente. Sería vano, innecesario, preguntarle por qué sonríe. Le arrancaría una risa a lo mucho, tal vez menearía la cabeza de lado a lado, y ocuparía su vista en algo más. O eso pienso. Posiblemente pregunte cómo estoy, qué he comido hoy, me bese en los labios o en la frente, tome mi mano, y camine en silencio hasta el salón de Pedro. Pasará inmediatamente porque es seguro que ha hecho cita, y si no, pasará en seguida de todas formas porque Pedro, aquel Pedro que creció con su madre y que jugaba con ella a hacerle el cabello mientras platicaban de lo que fuera platicaban los preparatorianos en los setentas, aquel Pedro que a su madre donó un riñón y le donó sangre en tantas ocasiones, jamás la haría esperar. Una hora es lo que necesita para dejarle radiante, con el cabello cayendo hasta sus hombros, reflejando el sol en tonos naranjas y amarillentos, radiante sonrisa entre las mil y una pecas que le ha dejado su padre. De vez en vez levanta la cara y mira la nubes diciéndome cuánto le gustaría navegar frente al sol en una de ellas. Por mirar el sol más de cerca, por mirar la vida desde arriba, me dice sin pregunta de por medio. Después de la caminata reglamentaria, de casi dos horas por el centro comercial viendo ropa, después de la comida en el lugar que se le antoje, vamos a su casa, o a la mía, y hacemos el amor a veces, o cogemos otras veces, hasta al amanecer, sin palabras, con alguna lectura, o alguna película, en los interludios necesarios porque es obvio que ya no tenemos 20 años. Solía apenarme el estado de mi cuerpo, cómo es que fui de un cuerpo atlético, de ejercicio en el gimnasio de martes a jueves, y de caminatas de 20 kilómetros al día, de pan en el desayuno y jamás en la cena, de brócoli y zanahoria y algo de calabaza y coliflor como guarnición de la pechuga o el filete de pescado o de res de lunes a viernes, y de mis pecadillos los fines de semana con una cantidad enorme de queso derretido en lo que fuera que comiera, con medida por supuesto, a lo fofo de mi presente, con lo que en Estados Unidos llaman el "muffin top" asomándose por la parte superior de mis pantalones, con mis mejillas irradiando redondez, con mi cuerpo de asiento frente al televisor vengándose de mí al calor de mediodía, a ríos de sudor por mis axilas y espalda baja. Solía apenarme, dejaba la luz apagada y le atacaba antes de que se le ocurriera encenderla. Besaba su pómulos y párpados y lóbulos y cuello, plantando mordidas en el recorrido, ocupando mis manos con cada rincón de su cuerpo, gimiendo al unísono, deshaciéndonos de la redundancia de nuestras ropas, hasta que vueltos un nudo nos retorcíamos en el anónimo del sexo en un lugar a oscuras. Ya no. He dejado de fijarme en la iluminación del lugar donde lo hagamos. Han brotado cosas más importantes mientras le recorro con mi anhelo acumulado en los días que no nos vemos. Pienso mejor en si podríamos escuchar a Richter o a Riesman, si ha leído el pasaje erótico que le he recomendado, si este momento será digno de un haiku. A veces, a veces no tenemos sexo, o no nos fundimos mutuamente, y simplemente fumamos mientras leemos. Sin palabras de por medio, miradas furtivas por encima de los libros a lo mucho. Hoy es 22 de mes par del año que corre, y no habrá muchas palabras de por medio. Puede que sí, si hoy va con el capricho de hacer algo distinto. Azar. Azar que le ha dado tanto gozo a mi vida, recorriendo avenidas inéditas, sabores intrusos, colores perdidos, notas malinterpretadas, palabras antes mudas. Azar que me trajo su cuerpo. Azar que me destrozará el corazón un 6 de septiembre. Mientras bebo café, mientras miro el vaivén de su cuerpo acercándose, pienso en que los perros que tantas veces han cosechado amor en mis largas tardes de soledad mientras le tengo en mi vida, no tienen la culpa casi de nada.

11.8.17

A parable

Hell there must be a hundred thousand garrons pulling my fathers' will to take you back,
Treason, they shouted on the morrow,
Treason and no other shade of black,
In spite of my molten grace of doubt,
For the moment is the price the broken lover is to pay,
Fag in hand while rots in debt,
A feast of orange morning grey,
My drunken eye of curl and leather,
Wish you were it in all your glory,
This gilded song will go no further,
I ponder where now I shall sit,
Nights in the dark of mongrel fury,
Love me not any, break me on the sixth.